De un momento a otro durante la rutina aparece una persona, no la conoces, algo te atrae, la ves cada vez más seguido, estás haciendo cualquier cosa y de la nada te das cuenta que estás pensando en ella, vas por la calle; sin querer cualquier palabra te recuerda su nombre, todo esto hace crecer cada día tu interés por saber de aquella persona.
Pasan los días, intentas averiguar algo de ella, lo haces… te sientes realizado, pues ya crees que la conoces cada vez un poco más. El siguiente paso es… ¡conocerlo!, pero esta vez de cerca, este vendría siendo el último paso en el proceso que podemos llamar “encantamiento abstracto”
Solemos pensar que este sentimiento es cosa de dos, pero con el tiempo nos vamos dando cuenta que cada uno aprende a amar a su manera.
En el proceso de enamoramiento todo se vuelve color de rosa, la persona amada se vuelve completamente perfecta junto con sus virtudes y defectos… y como lo comenté en algunos escritos anteriores la subimos a un altar que ni nosotros mismo podemos alcanzar.
Está predeterminado por nosotros mismos que el Amor sea algo correspondido, un compromiso de pareja, que de los dos se haga uno, que al momento de decir “ Te Amo” se cree una complicidad, complicidad que esperamos prolongar por mucho tiempo.
“Cuando elegí la palabra “Amor” para hablar sobre ella, recordé algunas experiencias mías y externas las cuales me ayudaron a comprender tan enredado sentimiento que en algunos casos nos puede llevar a hacer locuras…
Ahora pensando … si todo lo anterior descrito esta relacionado con el amor en una relación…
Entonces nunca he estado Enamorada”.
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