Aún pienso como hubiera sido mi vida sin haberte conocido, aún pienso si ha sido bueno o malo tenerte tan cerca. En mis mejores sueños me gusta pensar que no existes, me gusta imaginar que no te conozco, me gusta incluso pensar que soy feliz contigo.
Corrían los años, te conocí, sin darme cuenta ya eras parte de mi familia, sin darme cuenta ya estabas sentada en mi mesa cada mañana, cada tarde y cada noche.
Debo decir sin rencor que durante todo este proceso no fuiste parte de mi, pero si de mi familia, si de mis más cercanos, si de las personas que más quiero y lamentablemente si de aquella persona que yo miraba tan atentamente cuando chica, si de esa persona de la cual varias veces en voz baja dije: "Cuando sea grande quiero ser como tú". Intenté millones de veces mantenerme al margen, pero tu sombra siempre estaba, ya eras real, ya te habías apoderado de mi casa, de sus vidas, de mi vida.
Al pasar el tiempo supiste convivir, te mezclaste e incluso mimetizaste, tanto así que nisiquiera nos dimos cuenta de tu presencia todos estos años, al día de hoy, y contigo ya dentro de mi, intento entenderte, pero lo único que logro es darme cuenta que sólo vives por tí, que no harías nada por nadie, pero sin embargo eres tu quien necesita de otros para vivir.
Al día de hoy, querida Dama Blanca, sin rencores me sentaré a mirar cuanto tiempo más lograrás quedarte, para al finalizar el día decir, que ya no quiero seguir el modelo de nadie y aunque por más que la quiera, no quiero ser como ella.
